Autora: María Teresa Martínez, neurologopeda de la Asociación Parkinson Madrid
La disfagia es la dificultad para tragar alimentos, líquidos o incluso saliva. Se trata de un síntoma frecuente en personas con enfermedad de Parkinson, que puede aparecer en distintas fases de la enfermedad. Con el paso del tiempo, esta dificultad puede intensificarse y convertirse en un problema grave: comprometer la nutrición, aumentar el riesgo de atragantamientos y favorecer la aparición de infecciones respiratorias.
Además, no debemos olvidar que comer es también un acto social. Por eso, los problemas de deglución no solo afectan a la salud física, sino también al bienestar emocional y a la vida social de la persona con párkinson.
Síntomas frecuentes de disfagia
Los signos pueden variar en cada persona, pero algunos de los más habituales son:
- Dificultad para tragar: sensación de que la comida se queda atascada, con riesgo de atragantamiento.
- Tos o carraspeo durante o después de comer: puede indicar que alimentos o líquidos están pasando a la vía respiratoria.
- Babeo o exceso de saliva: por la dificultad para tragarla de manera eficaz.
- Aspiraciones: alimentos o líquidos que llegan a los pulmones, aumentando el riesgo de neumonía.
- Cambios en el ritmo de la deglución: movimientos más lentos, repetitivos o con problemas de masticación.
- Voz débil o ronca: a menudo asociada a la falta de control muscular en las estructuras implicadas en tragar.
Adaptar la alimentación para mayor seguridad
Un paso esencial en el manejo de la disfagia es ajustar la textura de los alimentos y líquidos. Algunas recomendaciones son:
- Priorizar alimentos triturados o purés de textura suave (sopas espesas, cremas, purés de frutas y verduras).
- Usar espesantes para líquidos (agua, zumos, sopas) cuando haya riesgo de atragantamiento.
- Evitar alimentos secos, duros o pegajosos (pan seco, frutos secos, carne sin hidratar).
- Ofrecer comidas más pequeñas y frecuentes para reducir la fatiga muscular.
Consejos prácticos para familiares y cuidadores
El acompañamiento de la familia es clave para prevenir complicaciones y garantizar una alimentación segura:
- Supervisar las comidas y asegurar una postura erguida y cómoda.
- Crear un ambiente tranquilo, sin distracciones.
- Fomentar un ritmo pausado y descansos entre bocados.
- Garantizar una adecuada hidratación.
- Mantener horarios regulares de comida.
- Ofrecer paciencia, apoyo emocional y un clima positivo.
- Consultar con profesionales de referencia (neurología, logopedia, nutrición) para actualizar pautas y tratamientos.
- Colocarse frente a la persona, a la misma altura, para facilitar la comunicación y la ayuda si fuera necesaria.
Conclusión
La disfagia es una complicación que puede afectar profundamente la vida de las personas con párkinson, tanto a nivel físico como emocional. Sin embargo, con una detección temprana, el apoyo profesional y el acompañamiento cercano de familiares y cuidadores, es posible reducir riesgos y mejorar la calidad de vida.


