José Luis Blas “El párkinson y el cáncer nos han unido más”

José Luis Blas (77 años) lleva 2 años acompañando a su mujer Carmen en su lucha contra la enfermedad de Parkinson. Superviviente de cáncer, afronta el cuidado de su mujer “como un reto y un placer”.

  1. ¿Cómo te ha afectado como familiar la llegada del párkinson?
    Hasta ahora nunca había hecho las tareas de casa y las comidas, por ejemplo. Para mí es positivo porque puedo estar pendiente de ella y cuidarla, igual que hizo ella conmigo mientras trabajaba o me acababan de operar de un cáncer. Ahora todo lo que yo haga por ella es poco. Estoy más comprometido, es un reto y un placer.

  2. ¿Qué ha cambiado en vuestro día a día?
    No en muchas cosas, apenas nos ha afectado. Somos muy caseros y nos divertimos juntos muchísimo. Ahora estoy pendiente de que no se caiga, por ejemplo. Nos llevamos muy bien y hago encantado lo que haga falta por mi mujer. Nos cuidamos mutuamente todos los días.

  3. ¿Crees que hay diferencia entre un hombre que cuida a una mujer que cuida?
    Puede ser que haya alguna diferencia. Yo a la mujer la valoro mucho. Mi mujer hace mucho mejor las tareas y es una cocinera increíble. Al hombre cuidador le diría que se vuelque, que no esconda la enfermedad y que le dé mucho amor y cariño a su esposa. Que esté muy pendiente de ella.

  4. ¿Qué es lo más positivo y lo más negativo de cuidar de tu mujer?
    La peor parte es la preocupación cuando no estás con ella, por lo que podría pasarle. Lo mejor es que vamos a hacer 23 años casados y el matrimonio es imposible que sea mejor. Desde que tenemos cáncer y párkinson, estamos aún más unidos.

  5. ¿Cómo te enfrentas al futuro?
    Tengo que mirar lo que tenemos y llevarlo lo mejor posible. Por mucho de que nos podamos quejar, no se va a arreglar. Lo mejor es apoyarse. Prefiero no saber del futuro porque no quiero pensar el día que ella no esté. Nos quedaremos aquí porque tenemos la misión de cuidar de nuestras hijas y nietas.

  6. ¿Cómo os ha ayudado la asociación?
    Las personas que tratan a las personas con párkinson son maravillosas, muy amables. Cuando entras por la puerta, siempre te saluda y cualquier cosa que necesitan te lo resuelven. Yo, a las cuatro o cinco días de estar aquí, le pregunté cómo estaba y me dijo que se divertían mucho. Ya con la alegría que va y lo que aprende, es un logro.

 

 

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